Recuerdo un proyecto de pavimentación en el sector de Rahue Alto, cerca de las riberas del Damas. La subrasante era una mezcla de limos y ceniza volcánica que en laboratorio daba valores de CBR aceptables, pero en terreno, con las lluvias de junio, se convertía en una pasta inestable. Ese contraste entre el dato seco y el comportamiento saturado es lo que más define el desafío geotécnico en Osorno. Por eso, un estudio CBR para diseño vial aquí no puede limitarse a un valor puntual; necesita interpretar el régimen de humedad real que tendrá la estructura durante su vida útil. Para nosotros, la clave está en anticipar ese comportamiento antes de que el asfalto empiece a deformarse. En suelos finos de origen volcánico, solemos complementar la evaluación con un ensayo de granulometría para entender la fracción que controla la succión matricial.
Un valor de CBR al 95% sin especificar la condición de humedad es una receta para el ahuellamiento prematuro en el clima de Osorno.
