Con una sismicidad histórica que incluye el terremoto de Valdivia de 1960 —el más potente registrado instrumentalmente con magnitud 9.5 Mw— y eventos más cercanos como el de Osorno-Puyehue de 2010, la cuenca de esta ciudad interpela directamente a quienes diseñan cimentaciones. Osorno se asienta sobre depósitos fluvioglaciales y cenizas volcánicas del Cuaternario, materiales que bajo el nivel freático local —somerísimo en sectores como Francke o cercanos al río Rahue— pueden perder toda su capacidad portante durante un sismo intenso. El análisis de licuefacción de suelos no es un trámite administrativo: es la única manera de cuantificar si el terreno pasará de comportarse como un sólido a fluir como un líquido denso cuando las ondas de corte eleven la presión de poros. En Osorno, donde la precipitación anual supera los 1.300 mm y la saturación de los limos arenosos es casi permanente, la evaluación con el ensayo SPT y correlaciones actualizadas permite proyectar asentamientos por licuefacción y definir si se requiere mejoramiento del terreno antes de colocar una zapata o una losa de fundación.
En Osorno la licuefacción no es solo un problema de resistencia: es un riesgo de asentamiento diferencial en suelos volcánicos saturados que puede inutilizar una estructura aunque no colapse.
