La persistente humedad de la depresión intermedia en Osorno, con precipitaciones que superan los 1300 mm anuales, transforma los suelos derivados de cenizas volcánicas en materiales de comportamiento impredecible. En esta zona lacustre, los trumaos y ñadis reaccionan con sensibilidad extrema a los cambios de agua, pasando de un estado sólido a uno plástico con facilidad. Por eso, la determinación de los Límites de Atterberg se convierte en un paso ineludible para cualquier proyecto de cimentación. Cuando un suelo osornino se satura, sus propiedades mecánicas pueden colapsar si no se ha identificado correctamente su rango plástico. Complementamos este análisis con el ensayo de granulometría para entender la distribución de partículas finas que gobiernan la plasticidad, y con las calicatas cuando es necesario extraer muestras inalteradas representativas de los estratos más superficiales del valle central.
En los suelos trumaos de Osorno, un índice de plasticidad superior a 20% anticipa cambios volumétricos que comprometen la integridad de las losas de hormigón.
